Concepto de Tensión Acción – Estructura

El estudio y comprensión de la relación entre la acción y la estructura, constituye uno de los asuntos de mayor atención en los planteamientos sociales actuales. Dichos estudios, han permitido analizar la actuación juiciosa del hombre dentro de la transformación de la estructura social propiamente dicha o de forma opuesta, si las acciones humanas son el resultado de fuerzas individuales difíciles de controlar (Anthony Giddens 1999).

Tensión Acción – Estructura

Los distintos enfoques que han intentado darle respuesta a ésta disyuntiva teórica, tienen su origen en pensamientos sociológicos y han llevado a los especialistas a considerar dos tipos de planteamientos:

Los conceptos de acción que intentan explicar los fenómenos sociales partiendo de la evolución individual. Estos enfoques teóricos desarrollados desde la apreciación circunstancial, tienen su base de análisis en individuos que gozan de independencia personal y que actúan movidos por sus intereses, su sensibilidad humana o sus preferencias e inclinaciones, en los que las estructuras sociales son producto de las maneras de actuar individuales. Este tipo de planteamiento, contiene una serie de aspectos conocidos normalmente como: activistas o accionistas, personalistas, intrínsecos y voluntariosos.

También están los que resaltan el concepto de estructura y dan prioridad a las dinámicas sociales, todas ellas señaladas como forjadoras de la acción humana, las cuales escapan del control del protagonista. La responsabilidad de este planteamiento, recae en fuerzas sociales denominadas “imprecisas”, bien sean económicas, culturales/religiosas, regionales, orgánicas o psicosomáticas, las cuales definen la actuación de los elementos. Por ejemplo, las personas que desarrollan un cargo empresarial, dentro de grupos sociales, en los mercados de trabajo, en entidades políticas, terminan siendo víctimas o emisores pasivos de fuerzas ajenas a su voluntad. Este lineamiento es conocido de varias maneras: táctico, grupal o colectivista, constitutivo y holístico.

En el terreno individual de acción-estructura, se habla normalmente de tensiones en lugar de deficiencias funcionales, donde “la anomia”, definida como la causa principal del desorden social o resentimiento del individuo, como consecuencia de la ausencia de normas sociales eficaces o por la incoherencia de las mismas, es uno de los enfoques principales.

En tal sentido, Robert K. Merton se valió del concepto de anomia para formular el planteamiento de la desviación, propuesta teórica de gran importancia. El primer sociólogo que utilizó este principio epistemológico fue Emile Durkheim, uno de los precursores de la sociología, quien señaló que, en los grupos sociales modernos, las regulaciones y los valores humano-sociales elementales, al debilitarse no son sustituidos de inmediato por otros. Entonces, se desarrolla la anomia ante la inexistencia de regulaciones concretas que rijan el comportamiento en una región específica de la vida social. Durkheim mantenía que, en situaciones como esas, las personas se sienten desorientadas y sufren de ansiedad, de manera que, la anomia es uno de los tantos fenómenos sociales que influyen notablemente en situaciones de suicidio. Posteriormente, Merton modificó la definición de anomia para darle entrada a la tensión, a la cual son susceptibles las personas cuando las regulaciones implementadas no se ajustan a la realidad social. Es decir, se produce una tensión muy clara entre las ambiciones, los sueños de los individuos y los pocos éxitos alcanzados, lo cual genera frustraciones de diversa índole.

En las sociedades industrializadas, los valores aceptados por los grupos sociales hacen énfasis en los logros materiales, que supuestamente deben alcanzarse por medio del trabajo disciplinado. Por consiguiente, las personas que se esfuerzan son las que alcanzan el éxito, sea cual haya sido su punto de inicio. Lo cual, no es del todo cierto, si se toma en cuenta que la mayor parte de las personas de escasos recursos, si acaso pueden disfrutar de algunas, o de ninguna de las oportunidades para progresar. Es de esta forma que, los individuos al no contar con los medios económico necesarios, se sienten relegados por su irreal falta de capacidad para alcanzar progresos materiales. Situación que propicia una gran tensión para salir adelante por cualquier vía, legítimas o ilegítimas. De hecho, para Robert K. Merton, la desviación es consecuencia de las disparidades socio-económicas.

El sociólogo y filósofo Merton, formuló cinco posibles causas sobre la tensión producida entre los valores aceptados por la sociedad y las pocas herramientas que existen para mantenerlos, son las siguientes: conformismo (implementación de mecanismos sociales adaptadores), invención (utilización de medios ilegales para alcanzar logros materiales), ritualismo (se respetan las regulaciones de forma impulsiva) retraimiento (abandono de la visión competitiva) y rebelión (rechazo de valores y regulaciones, sustituyendolos por otros nuevos, con el propósito de erradicar el sistema social existente).