Concepto de El Reino Franco

Data que a finales del siglo V, alcanzó el trono franco quien protagonizó esta expansión, Clodoveo (482-511), el más notable representante de la dinastía merovingia, llamada así en memoria de su fundador, Meroveo (448-457). Clodoveo hizo posible la unificación de gran parte de la antigua Galia romana y extendió su reino desde el núcleo franco en torno al Somme y al bajo valle del Mosela y del Mosa a costa de otros pueblos germanos. Ante todo, su primer paso fue terminar con el reducto galorromano del duque Siagrio, que pretendía mantener la autoridad imperial en torno a Soissons.

El Reino Franco

Posteriormente se dirigió contra los otros reinos germánicos: venció en Tolbiac (496) a los alemanes, establecidos al noroeste de los francos; sometió a tributo a los burgundios del sureste (500), en los valles del Ródano del Saona y derrotó a los visigodos de Alarico II en Vouillè (507) gracias a la intervención de Teodorico.

El rey germano, el primer monarca germano que se convirtió católico, en 497, probablemente influido por su mujer, Clotilde, princesa burgundia católica y por el interés político en conseguir el apoyo de las jerarquías eclesiástica y bizantina frente a los visigodos.

A su muerte, debido a su carácter patrimonial de la realeza germánica, el reino fue dividido entre sus hijos se empezó una época de particiones entre los herederos, superada en ciertas ocasiones por diferentes reyes que alcanzaron unificar el territorio. Además, las divisiones se hacían sin tener en cuenta criterios administrativos o étnicos y solo se buscaba formar bloques equivalentes para todos los candidatos.

A pesar de ello, los hijos de Clodoveo completaron la labor de su padre y extendieron el poder político de su reino: se anexionaron el reino burgundio, conquistaron el reino de Turingia, impusieron el mandato sobre los bávaros y lograron una salida al Mediterráneo con el dominio de Provenza. En cambio, no consiguieron someter Septimania, en poder de los visigodos. En la primera mitad del siglo VI el reino franco obtuvo la fusión entre germanos y galorromanos, empeñada por las divisiones del reino y las luchas internas que provocaban.

La primera división entre los hijos de Clodoveo fue superada por Clotario I (558-561) con la unificación del territorio, pero su muerte causó una nueva división del reino en cuatro partes: Austrasia, Neustria, Borgoña y Aquitania.
La primera ubicada al noroeste, comprendía las cuencas de los ríos Rhin, Mosa, Mosela y escalda, con capital en Rems, aunque después se trasladó a Metz. Al noroeste estaba en Neustria, situada entre el Somme, el Mosa y el Loira, con capital en París, que lo fue también del reino por su estratégica situación. Borgoña abarcaba el antiguo reino burgundio, entre el Ródano y el Saona y su capital estaba en Orleans. Y Aquitania, al sur de Loira, era una región de fuerte tradición romana que no aceptaba el sometimiento franco.

Clotario II (613-629) y su hijo, Dagoberto I (629-639), protagonizaron un nuevo agrupamiento del reino, aunque la entidades políticas mantuvieron sus privilegios y autonomía. A partir de la muerte de Dagoberto los mayordomos de palacio asumieron el gobierno en Neustria y Austrasia y desterraron a los últimos merovingios. Por último, en Austrasia esta ocupación fue desempeñada por los miembros de la dinastía pipìnida, que a mediados del siglo VII destronaron a los merovingios para establecer en el trono a su propia familia, en la cual nació Carlomagno.